El término “coaching” proviene del inglés y originalmente se refiere al trabajo del entrenador deportivo, pero desde hace algunos años también se utiliza para designar a un conjunto de técnicas cuya finalidad es mejorar el desempeño mental o cognitivo en los más diversos campos, como la nutrición, los ámbitos empresariales, las intervenciones psicoterapéuticas, etcétera. Sin embargo, el coaching tiene como principal problema el uso diletante y poco riguroso de términos conceptuales de las ciencias cognitivas y su mezcla con términos empresariales y de otras disciplinas.

Cualquiera con un poco de sentido común podría pensar que para ser un coach nutrimental, por ejemplo,  se necesitaría tener una licenciatura en nutrición o ser médico con algún tipo de diplomado en nutrición humana o algo así, pero no, cualquiera puede acreditarse como coach cursando un entrenamiento de 50, 100 o 200 horas (dependiendo del nivel de coach al que aspire ) y, por supuesto;, pagando US$300 por un curso que durará cuatro semanas, después de las cuales, usted puede convertirse en coach.  ¿En donde? En la International Coach Federation, por supuesto. (https://coachfederation.org/).  Esa situación no es poca cosa, puesto que resulta que para ser un coach certificado internacionalmente, no es necesario tener estudios superiores, sino simplemente pagar una cuota, lo cual es ya de por sí un motivo para sospechar de la disciplina.

Esta situación es consistente con la visión particular que el coaching tiene sobre el ser humano.  Algunos de los principios del coaching son la competitividad empresarial, el sistema de producción capitalista y, como consecuencia, la idea de que el ser humano es un cliente, trabajador y parte de una enorme maquinaria que se conoce como “organismo empresarial”. El objetivo fundamental del coaching es la consecución del liderazgo personal bajo la lógica de la competitividad empresarial.  Unos de los principios del coaching es la analogía que vuelve equivalentes a un trabajador y una célula orgánica, porque ambos tienen una función que desempeñar para el correcto funcionamiento de una entidad mayor y que es posible modificar los alcances de esa función ejecutando acciones basadas en valores como el compromiso, el respeto y la disposición a adaptarse a las complejas situaciones de los entornos competitivos.

Hasta aquí, pareciera que no hay tanto problema, puesto que, como es sabido, los consultores empresariales suelen utilizar términos científicos para tratar de legitimar sus afirmaciones sobre el funcionamiento de una empresa.  Sin embargo, las dificultades comienzan cuando analizamos más de cerca los supuestos desde los cuales se fundamenta la intervención que se hace desde el coaching y sus ámbitos de aplicación.

LOS SUPUESTOS DEL COACHING.

El coaching, hasta este momento entendido como una forma de comunicación empresarial, considera que hay diversos elementos que interactúan de manera compleja entre sí.  Estos elementos son el recurso humano, la conformidad e influencia social, el desarrollo de procesos organizacionales y los sistemas de comunicación - información - retroalimentación.  El desempeño de una persona funcionaria así...

  1. Todo ser humano forma parte de un sistema.
  2. Las actividades de todo ser humano son fundamentales para mantener el funcionamiento del sistema.
  3. Dentro del sistema, las personas están sometidas a la influencia de otras personas y a su vez influyen a las otras personas.
  4. Esta influencia se lleva a cabo bajo sistemas de comunicación.
  5. La información que retorna sobre la actividad de la persona permite la valoración de las propias acciones.
  6. Finalmente, la persona puede usar esta información para mejorar sus funciones dentro del sistema..

Hay varios problemas con estos principios.  El primero de ellos es la naturaleza ahistórica de los supuestos.  Es decir, el coaching parte de la idea de que el sujeto siempre debe mirar hacia el futuro para poder mejorar en todos los aspectos del desempeño, pero esto entra en contradicción con todo el estado del conocimiento de la psicología, la sociología, la historia, la economía y todas las ciencias sociales.  El ser humano es a la vez producto y constructor de la historia. Normalmente, en los cursos de coaching se pide a las personas que “rompan paradigmas”, “que dejen de fijarse en el pasado” y “que miren hacia el futuro”. Esto, lamentablemente, es mera retórica vacía: no hay manera de concebir al ser humano sin mirar tanto la historia personal como los elementos socioeconómicos e históricos del entorno social en donde se desempeña.  

El segundo problema es la incompatibilidad de marcos teóricos.  Los practicantes del coaching recurren a la teoría de sistemas de Bertalanffy, originalmente surgida de la biología y luego aplicada al entendimiento de los entornos familiares y sociales; recurren también a las teorías de la influencia social surgidas de la psicología de la Gestalt y los axiomas comunicacionales de la escuela psicológica de Palo Alto, con Paul Watzlawick como principal representante.  Todo esto, aderezado con retórica triunfalista proveniente de la Programación Neurolingüística y de modelos motivacionales basados en la pirámide de las necesidades de Maslow. Es decir, una mezcla de teorías psicológicas, técnicas de convencimiento y retórica empresarial dirigida a la consecución del éxito personal..

El tercer problema es el uso poco cuidadoso del “feedback” o retroalimentación.  El biofeedback es una técnica usada en ciertas terapias de orientación cognitiva para hacer que las personas sean capaces de reconocer las sensaciones que les producen ciertos eventos externos y que desarrollen la capacidad de regular la reacción ante dicho evento.  Por ejemplo, si una persona tiene fobia a las serpientes, el biofeedback le puede ayudar a reconocer las sensaciones internas previas a la activación de la reacción fóbica, de manera tal que pueda controlar conscientemente sus respuestas conductuales antes de que se le escapen de las manos.  Por supuesto, esta técnica debe venir acompañada de un trabajo terapéutico que le permita a la persona superar la fobia desde su origen y no sólo en su conducta externa.

Estos problemas tienen una consecuencia importante, puesto que desde el coaching se afirma que la persona puede superar los obstáculos impuestos por las condiciones sociales o laborales si se programa a sí misma adecuadamente.  Esto es falso, por supuesto: el autoconvencimiento puede hacernos creer que tenemos ciertas capacidades, más no puede ejercer una influencia real sobre las condiciones externas al sujeto.

MÉTODOS Y TÉCNICAS DE COACHING Y SU CONTRASTE CON MÉTODOS DE LA PSICOLOGÍA CONDUCTUAL

En este apartado contrastaremos los principios y efectos del coaching con algunos postulados básicos de la psicología conductual, para entender en qué se diferencian y cuáles son los motivos por los cuales afirmamos que el coaching es una aplicación pseudocientífica y potencialmente peligrosa.  Iniciemos con los diferentes modelos de coaching.

Ha habido varios tipos de técnicas de coaching.  Los primeros modelos eran relativamente sencillos y tenían como finalidad identificar problemas y generar técnicas de reconocimiento y resolución de los mismos.  Los modelos que podemos llamar “clásicos” son el modelo PIE (acrónimo en inglés de Identificar problemas, implementar soluciones y evaluar acciones) y el modelo STIR (acrónimo en inglés de Seleccionar problema, focalizar soluciones, implementarlas y revisar acciones).  Estos modelos fueron desarrollados originalmente por psicólogos y su finalidad era entrenar a las personas para que reconocieran sus propios sesgos cognitivos al momento de tomar decisiones sobre sus estrategias de resolución de problemas. Su ámbito de aplicación era de carácter clínico y debían ser aplicados por personas con entrenamiento profesional en psicología y dirigidos a personas que solicitan psicoterapia de orientación cognitiva.

Actualmente, el método de Coaching más conocido y utilizado es el llamado Modelo GROW (acrónimo de Goal, Reality, Obstacles y Will: metas, realidades, obstáculos y compromiso).  En esta técnica, se le pide al coachee que identifique lo que quiere logra, cuales son sus recursos, los obstáculos que le impiden lograr sus objetivos y cuales son las metas realistas a las que puede acceder con sus recursos actuales.  Esta técnica normalmente se aplica en sesiones grupales dirigidas por el coach y se discuten en grupos de trabajo. Existen además otros modelos, como el modelo ACHIEVE (Dembkowski & Eldridge, 2003), el modelo SPACE (Edgerton & Palmer 2005) o el modelo REGROW (Grant, 2011) entre muchos otros.  Todos ellos tienen como supuestos básicos que si se identifican los pasos que una persona realiza para llevar a cabo una tarea con éxito, la tarea se llevará a cabo exitosamente.

Ahora, el lector puede inferir que se trata de técnicas razonables, pero definitivamente no son novedosas ni se inventaron con el coaching: se trata de modelos de retroalimentación conductual, ya desarrollados por psicólogos cognitivos desde los años setenta.

Originalmente, la retroalimentación conductual consiste en un estímulo (ya sea externo o interno) cuyo efecto es el incremento, disminución o diferenciación de la frecuencia de alguna conducta. Ha habido muchos estudios regulados por pares que han estudiado el efecto de la retroalimentación sobre la modificación de la conducta y sus resultados han sido bastante positivos (refiérase el lector, por ejemplo, a Ribes & López, 1985; Cagné & Briggs, 1979; o a Zárate & Luna, 1996).

Entonces, ¿cuáles son las diferencias entre el coaching y la psicología cognitiva?  Veamos.

- La primera diferencia son los métodos utilizados. Mientras que la psicología cognitiva utiliza métodos de carácter científico, como diseños experimentales, observaciones longitudinales y revisiones de grupos de pares, el coaching sólo toma como referencia el éxito individual de cada persona en tareas específicas y normalmente vinculadas a los valores de una empresa o de una institución.  Como sabemos, la evidencia anecdótica no puede tomarse como parámetro para afirmar la validez de un postulado.

- La segunda diferencia son los alcances de aplicación.  Mientras que los estudios de psicología conductual delimitan correctamente los alcances de aplicación, en el coaching se utilizan términos vagos cuya interpretación queda abierta.  En el coaching son comunes términos como “éxito”, “objetivos”, “metas”, “ventajas”, etcétera, que pueden ser interpretados desde cualquier perspectiva y a gusto del coach. En los estudios de psicología conductual se usan expresiones como “resolución de problemas de aritmética básica”, “reconocimiento de conceptos del método científico”, etcétera, que no dependen de la interpretación del investigador sino de tareas bien definidas, independientemente de los deseos de quienes participan en el estudio.

- La tercera diferencia es la contextualización. Aquí hay varios apartados

  1. La psicología conductual afirma que los modos funcionales de resolución de tareas dependen del grado de control que el sujeto tenga sobre la tarea.  En palabras simples, mientras más se practique, mejor dominio se tendrá sobre una tarea. En el coaching, se afirma que la identificación de problemas y su mentalización son herramientas suficientes para resolver el problema.
  2.  El nivel de abstracción de una tarea aumenta las posibilidades de resolución en distintos escenarios.  Es decir; si somos capaces de comprender lo que estamos haciendo, podemos adaptar nuestras habilidades para resolver una tarea cuando esta se presenta en circunstancias distintas a aquellas en las que la aprendimos originalmente.  En el coaching no se suele poner atención a la comprensión del problema sino al autoconvencimiento de que se puede resolver. Obviamente, cuando las circunstancias cambian, también se ve afectada la capacidad de la persona de resolver el problema.
  3.  Cuando la retroalimentación se enfoca en las características de la situación específica, disminuye la posibilidad de que la persona pueda resolver problemas similares en diferentes situaciones.  En el coaching, los problemas se suelen resolver sólo desde la perspectiva de la empresa que patrocina el curso de coaching.
  4. La psicología enfatiza las propiedades relacionales y abstractas del problema a resolver, mientras que el coaching enfatiza la situación.  Es decir, desde la psicología se busca que la persona sea capaz de reconocer cuáles son los procesos cognitivos desplegados para la resolución de un problema, lo que permite la capacidad de transferir y generalizar las estrategias de resolución a otros problemas.  El coaching pone énfasis en reforzar las creencias personales para resolver problemas desde valores limitados a una situación particular.

Además, se suele vender la idea de que el coaching puede aplicarse en prácticamente todos los campos problemáticos de las personas.  Hay coaching ontológico, terapéutico, nutricional, educativo... La mayoría de las veces, el coaching es aplicado por personas sin formación clínica y de campos muy alejados, como la administración de empresas o las ciencias de la comunicación.  Esto le suele otorgar al coaching un agregado peligroso, porque no hay nada que garantice que un coach tenga la capacidad de lidiar con los problemas emocionales que una persona puede manifestar en un trabajo de reflexión grupal. Nada más peligroso que encender fuegos que luego no sabe cómo apagarlos.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Podemos decir que el coaching tiene algunas virtudes, como la utilización de términos y supuestos provenientes de la psicología o su utilización de la retórica empresarial sobre el éxito y la superación personal.  Sin embargo, hay varios problemas con su aplicación. Primero, utiliza términos provenientes de distintos marcos teóricos y los ensambla sin ningún criterio teórico o metodológico. Segundo, limita los alcances de sus supuestos a la perspectiva particular de cada persona y no le permite generalizar ni extender sus alcances más allá de los valores propios o de los valores de una empresa.  Tercero, la retroalimentación se utiliza sólo para reforzar valores considerados válidos de antemano, sin considerar todos los procesos históricos y culturales en los que se desarrolla un ser humano. Cuarto, los resultados sólo se analizan dentro de los límites del desempeño personal en contextos limitados, como un sistema organizacional empresarial o la resolución de una tarea limitada.

Podemos decir que el coaching es peligroso porque mezcla términos psicológicos, retórica triunfalista, técnicas de programación neurolingüística y se aplican normalmente por personas no capacitadas en los ámbitos clínicos, lo cual produce poco o nulo control sobre las consecuencias derivadas de sus intervenciones. Desafortunadamente, hay muchos psicólogos que aplican coaching, seducidos por el triunfalismo de sus postulados y por su facilidad de comprensión (nada que el sentido común no permita comprender). Aún así, el desconocimiento de aspectos fundamentales para el desarrollo del ser humano lleva a los “coaches” a hacer inferencias atrevidas, como afirmar que “si quieres puedes” o “todo está en tu mente”.  Hay que ser muy precavidos con esto.

Es peligroso además porque se presenta como la solución más rápida a los problemas de la vida cotidiana.  Hay que tener cuidado: por muy seductora que sea, la retórica triunfalista parte del supuesto de que los seres humanos son siempre racionales y que el reconocimiento de los pasos para resolver una tarea tiene siempre como resultado la resolución de la tarea.  La experiencia nos muestra que esto último casi nunca es verdad. Se requiere trabajo y entrenamiento para que una tarea pueda ser resuelta, comprendida y aplicada. Todo lo demás es pensamiento mágico.

 

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