¿Qué es la alopatía?

Alopatía es una palabra que Samuel Hahnemann, creador de la homeopatía, acuñó para referirse de forma crítica a la medicina convencional que se practicaba en su época, alrededor del siglo XVIII y principios del XIX. La medicina de ese tiempo era una mezcla de superstición, tradición y especulación; agresiva, invasiva y muchas veces más peligrosa que la enfermedad misma.

Con el tiempo, este tipo de medicina fue dejando de usarse, a medida que los principios del pensamiento científico comenzaron a aplicarse con mayor rigor. A esa etapa previa se le llama hoy “medicina heroica”, porque se basaba en la idea de que toda enfermedad requería medidas drásticas para ser curada.

Se usaban tratamientos como purgantes, laxantes, vomitivos, lavativas y sangrías, así como sustancias tóxicas como el arsénico, el mercurio, el opio, el láudano, y muchas plantas venenosas que eran consideradas curativas por tradición. Las dosis y los tratamientos eran tan extremos, que hay casos documentados —como el del presidente George Washington— donde se extrajeron más de 2 litros de sangre en un solo día, contribuyendo a la muerte del paciente[1].

La medicina heroica se basaba en la teoría de los cuatro humores, formulada por Hipócrates y popularizada por Galeno (129–216), quien sostenía que la salud dependía del equilibrio entre sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Esta teoría dominó la medicina europea durante siglos. Todavía usamos expresiones como “estar de buen humor” o “persona colérica”, que provienen de esa antigua creencia.

Con el paso del tiempo, esas ideas se llevaron al extremo: si un paciente tenía fiebre, se le sangraba o purgaba hasta “equilibrarlo”, sin importar el daño. Algunos compuestos peligrosos como el calomel (cloruro de mercurio) eran usados como laxantes, mientras que la belladona se usaba como relajante muscular y colirio. El láudano, una tintura alcohólica de opio con especias, era administrado para todo tipo de dolores —desde el cáncer hasta el llanto de los bebés[2].

La propuesta de Hahnemann

Hahnemann proponía una visión diferente: sostenía que los síntomas eran la forma en que el cuerpo luchaba contra la enfermedad. Desde esa lógica, pensó que una sustancia que produjera síntomas similares a los de la enfermedad podía ayudar a curarla. Si un paciente tenía fiebre, se le debía administrar una sustancia que causara fiebre en una persona sana. A este principio lo llamó: similia similibus curentur (“lo similar cura lo similar”).

El problema fue que muchas de las sustancias que usaba originalmente eran igual de tóxicas que las que usaban los “alópatas”. Para reducir sus efectos dañinos, comenzó a diluirlas una y otra vez. Así nació el método de las ultradiluciones homeopáticas. Algunas diluciones, como las 30C, implican una proporción tan baja que no queda ni una sola molécula del principio activo en la solución[3].

Hoy día, la homeopatía sigue usando diluciones extremas de sustancias como arsénico, belladona, e incluso venenos animales. Se han llegado a proponer tratamientos homeopáticos para enfermedades como el ébola, basados en venenos de arañas del Amazonas que “imitan los síntomas” del virus[4]. No existe ninguna evidencia científica que respalde estas afirmaciones.

¿La homeopatía funcionaba?

Paradójicamente, la homeopatía tuvo cierto éxito. Pero no por sus principios, sino por lo poco agresiva que era comparada con la medicina heroica. En muchos casos, no dar nada era mejor que las sangrías, los purgantes o los venenos. Eso permitió que el cuerpo se sanara por sí mismo. En otras palabras, lo que Hahnemann atribuía a su medicina, era en realidad la capacidad natural del organismo para recuperarse sin intervención dañina[5].

El nacimiento de la medicina moderna

Al mismo tiempo que Hahnemann desarrollaba su teoría, una nueva medicina basada en la observación, el análisis crítico y la experimentación comenzaba a surgir.

  • Ignaz Semmelweis demostró que lavarse las manos salvaba vidas en partos.
  • Joseph Lister introdujo los antisépticos en cirugía.
  • John Snow relacionó el cólera con el agua contaminada.
  • Louis Pasteur y Robert Koch demostraron que las enfermedades contagiosas tienen un origen microbiano[6].

Con estos avances, se comenzó a aplicar el método científico a la medicina. Se reconoció que era necesario observar qué pasaba con los pacientes que no recibían tratamiento, para poder comparar con quienes sí lo recibían. Se descubrió que en muchos casos, los pacientes se recuperaban mejor sin intervención que con los tratamientos propios de la medicina heroica. Esto fue un golpe directo a la medicina tradicional, y también a las ideas de Hahnemann, quien nunca realizó ensayos comparativos controlados.

Aunque muchos médicos se resistieron, la presión social y la evidencia llevaron a una transformación. Para principios del siglo XX, solo quedaban unos pocos tratamientos con efectividad comprobada, y el resto fue desechado. Se dio así paso a la medicina moderna, basada en la experimentación, el escepticismo y el conocimiento acumulado.

El término “alopatía” hoy

La palabra “alopatía”, como la usó Hahnemann, ya no tiene sentido. La medicina moderna no se basa en tratar síntomas con lo opuesto, sino en investigar causas, mecanismos y tratamientos basados en evidencia. Irónicamente, muchas de las terapias alternativas siguen usando conceptos parecidos a la medicina heroica, como la idea de “restaurar el balance” del cuerpo o “desintoxicarlo”, ideas que provienen del galenismo y no de la ciencia médica.

Y la farmacología

A principios del siglo XX, un visionario llamado Paul Ehrlich desarrolló un medicamento al que llamó Salvarsán, el primer tratamiento eficaz contra la sífilis. Se trataba de un compuesto que atacaba selectivamente a las bacterias. Este avance abrió la puerta al nacimiento de la farmacología moderna, pero esa… ya es otra historia[7].

Conclusión:

Desgraciadamente, y a pesar de que nunca fue aceptado por los médicos como una designación válida, el término "alopatía" sigue usándose hasta hoy para referirse —erróneamente— a la medicina basada en la ciencia. En la mente de muchas personas, e impulsado por la propaganda de los promotores de la homeopatía y otras pseudoterapias, persiste la idea de que la medicina moderna sigue siendo aquella práctica antigua que atacaba de forma agresiva todos los síntomas, sin comprensión real de las causas.

Pero es fundamental recordar que el término "alopatía" fue creado para describir un sistema médico ya extinto: obsoleto, arcaico y reemplazado desde hace más de un siglo por la medicina científica moderna. Usarlo hoy solo perpetúa confusión. Por respeto a la evidencia, y a la historia, es mejor evitarlo.


Referencias
  1. Porter, R. (1997). The Greatest Benefit to Mankind. HarperCollins.
  2. Young, J.H. (1961). The Toadstool Millionaires. Princeton University Press.
  3. Shang, A. et al. (2005). "Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects?" The Lancet, 366(9487), 726–732.
  4. World Health Organization (2014). “No scientific basis for homeopathy in Ebola treatment.”
  5. Goldacre, B. (2009). Bad Science. Fourth Estate.
  6. Galdston, I. (1960). Semmelweis, Lister, Pasteur. Henry Schuman.
  7. Parascandola, J. (1992). The Development of American Pharmacology. Johns Hopkins University Press.